EL DERRUMBE DEL TIRANO HERNÁN CORTÉS - CAPÍTULO 8 - ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
El derrumbe del tirano Hernán Cortés
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano.
La batalla de Nautla fue un enfrentamiento armado que tuvo lugar el 19 de octubre de 1519, entre las fuerzas comandadas por Juan de Escalante y los totonacas veracruzanos aliados de los españoles, ambos bandos contra los mexicas encabezados por Cuauhpopoca, gobernante de Nautla, Veracruz. Tras el enfrentamiento contra los guerreros mexicas de Cuauhpopoca, Escalante y seis soldados regresaron malheridos a la Villa Rica de la Vera Cruz, donde sobrevivieron únicamente tres días antes de perder la vida. La victoria de Cuauhpopoca sobre el español Escalante, sirvió a Cortés como pretexto para mantener prisionero al emperador Moctezuma en su Palacio de Axayacatl en Tenochtitlan, utilizando esta posición de fuerza para exigir que se entregara el responsable de la muerte de sus soldados. Hernán Cortés ordenó que Cuauhpopoca, su hijo y quince nobles, fuesen quemados vivos en una pira formada con las flechas, lanzas y pedernales del arsenal almacenado en el palacio de Cuauhpopoca en Nautla. En 1521 a su arribo a Cuauhnáhuac, Hernán Cortés se topó con la resistencia de los nativos tlahuicas, quienes bravamente repelieron de frente a los transgresores españoles con sus arcos y flechas, sin imaginar, que Hernán Cortés mandaría atacarlos por la espalda, innoble acción jamás concebida por los guerreros en Mesoamérica. Los españoles construyeron sus haciendas en Cuauhnáhuac, actualmente Estado de Morelos; donde esclavizaron a los tlahuicas para cultivar la caña de azúcar y diversos frutos. Hernán Cortés fue acusado y sometido a un juicio en el que se le presentaron cargos oficiales en la corte de Carlos V por diversos abusos de poder, enriquecimiento ílicito y el manejo corrupto de los territorios de la Nueva España. Para limpiar su nombre, defenderse de sus rivales y recuperar su autoridad, Cortés viajó a España en 1528, donde logró ser recibido por el emperador Carlos V para reclamar su autoridad y gobernar la Nueva España, pero solo consiguió el Marquesado del Valle de Oaxaca. De vuelta a la Nueva España ( México ), Hernán Cortés todavía organizó algunas irrupciones armadas; en 1533 su enviado Fortún Jiménez arribó por mar a la Península de Baja California, ahí sus marineros desembarcaron para ultrajar a las nativas y saquear el lugar, de donde obtuvieron valiosas perlas extraídas por los aborígenes cochimíes de los moluscos que abundaban en la bahía. Años más tarde, el decadente Hernán Cortés retornó nuevamente a España para intentar recuperar el favoritismo de la corona por los servicios prestados, para lo cual participó en una expedición contra Argel en 1540, sin embargo, sus reclamaciones nunca fueron respondidas. El 2 de diciembre de 1547, fatigado de sus vanos intentos por volver a sus posesiones en la Nueva España, Hernán Cortés murió en un asilo para ancianos en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, ahí concluyeron sus días probablemente enrarecidos por dislates seniles murmurando plegarias implorando el perdón de su Dios, sus delirios lo atribulaban, las vilezas cometidas en nombre de una evangelización mercantilista le corroían su interior, este asesino incendiario en el fondo de su ser, sabía que ambición y religión son sinónimos a pillaje y perversidad bajo el disfraz del humeante incensario. Deduzco que Hernán Cortés murió con la boca seca de palabras, su salivación fue insuficiente para lubricar la indulgencia en el desierto de la conciencia humana, donde ninguna deidad responde. A mí Manuel Peñafiel autor de este texto, me indigna saber que la carne de los indígenas remisos al bautizo ardió en las hogueras de la Santa Inquisición Católica, y la sabiduría de los pueblos que conformaban el Antiguo México, fue arrojada por los frailes al fuego que consumió las crónicas, la historia, los conocimientos astronómicos, el arte y la poesía que contenían aquellos códices que jamás pudimos atesorar. Actualmente la mansión que ocupó Hernán Cortés en Cuernavaca se llama Museo Regional de los Pueblos de Morelos, sin embargo, algunas personas retrógradas se empeñan en anunciarlo como Palacio de Cortés; concluyo este texto exhortando a todos esos mexicanos extraviados a que recobren la dignidad, dejando de cobijarse bajo una pretérita bastardía hispana.
©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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