LA MALINCHE ES OBSEQUIADA A HERNÁN CORTÉS - ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
La Malinche es obsequiada a Hernán Cortés
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano.
Simultáneamente a la devastación étnica y ecológica ocasionada por los invasores españoles en las islas del Caribe; Francisco Hernández de Córdoba se embarca rumbo a los litorales de lo que ahora es la República Mexicana; es en el año de 1517 cuando su codiciosa tropa desprovista de agua potable llega al pueblo costero de Chakan Putum, nombrado erróneamente Champotón, ahí los mayas los repelen bravíamente, se derramó mucha sangre, los nativos se defendían desnudos, los españoles usaban férreas armaduras, la coraza de los mayas fue su valor, los muertos fueron incontables. Esa noche después de la batalla, los canallas barbados durmieron en inmundo concubinato con la muerte. Hernán Cortés partió de Cuba dos años después, el 14 de marzo de 1519 bordeó la costa mexicana hasta llegar a Cozumel, continuando su travesía a la desembocadura del río Grijalba, hoy Estado de Tabasco; donde invadió Centla dejando un saldo de 12 mil nativos asesinados. El 14 de marzo de 1519 ocurrió la Batalla de Centla, enfrentamiento entre los nativos maya – chontales comandados por su jerarca Taabscoob y los invasores españoles traídos por Hernán Cortés. El resultado fue la derrota de los bravíos guerreros maya – chontales debido al poderío de las armas de fuego de los españoles, junto con la sorpresa y miedo que causó entre los indígenas la aparición de la caballería, ya que nunca habían visto caballos, y pensaron que animal y jinete eran una misma criatura, lo que benefició ventajosamente a los españoles. Al siguiente día, el jerarca Tabscoob, cuyo nombre significa Nuestro Señor de los Ocho Jaguares le regaló a Cortés veinte mujeres, entre ellas se encontraba Malinalli, nacida alrededor de 1500 dentro de una familia noble asentada en Painala, cerca de Coatzacoalcos, Veracruz; su padre era cacique local gobernante de dicha región. Su madre enviudó cuando Malinalli era aún niña, así que después de casarse con otro hombre para asegurar la herencia del cacicazgo para su nuevo hijo, ambos la repudian vendiéndola a unos comerciantes de esclavos, de quienes finalmente el jerarca cubierto de finas pieles Taabscoob la adquiere. Malinalli hablaba con fluidez el idioma náhuatl aprendido de sus padres, además del popoloca, y la lengua maya - chontal aprendida de su amo Taleb K’ohob. Después de bautizarla e imponerle el nombre de Marina, Hernán Cortés cohabitó con ella durante algún tiempo, posteriormente se la regala al capitán Alonso Hernández Portocarrero, sin embargo, al darse cuenta Hernán Cortés de que Doña Marina era una mujer muy inteligente que dominaba los idiomas náhuatl, popoloca y maya, la trajo de vuelta a su lecho como intérprete, ella prontamente aprendería el idioma castellano de su opresor. Con el correr del tiempo, los nativos agregaron a su nombre Malinalli la terminación tzin, que en náhuatl es señal de respeto, nombrándola Malintzin, pero la torpeza lingüística de los españoles deformó el nombre a Malinche. Algunos condenan a la Malinche argumentando que fue desleal a México, pero yo Manuel Peñafiel autor de este texto, considero que mi país tal y como es ahora no existía, el territorio estaba conformado por naciones subordinadas o enemigas bajo el dominio de Moctezuma II Xocoyotzin. La Malinche jamás le dio la espalda a su pueblo, su familia se deshizo de ella, fue tratada como objeto por nativos e invasores, resignada tuvo que amoldarse a las humillantes circunstancias, con afán de supervivencia agudizó su inteligencia innata, no tuvo otra alternativa que someterse a sus pestilentes propietarios españoles, quienes se la turnaron con soez cinismo, mientras los frailes católicos se desentendían de las perversidades cometidas en nombre de una prostituida evangelización.
El 22 de abril de 1519, Hernán Cortés desembarcó en la Bahía Chalchiuhuahuecan, donde barrenó sus buques para impedir que los marineros inconformes volvieran a Cuba; después fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, ahí no tardó en averiguar que tierra adentro existía la sede Excan Tlahtoloyan, Confederación de Estados Indígenas del Valle de México de la Triple Alianza conformada por Tetzcuco, Tlacopan y México – Tenochtitlan. Los ávidos ojos del español se tornaron en obsesivo frenesí al enterarse por boca de sus aliados los totonaca de Zempoala y Quiahuiztlan, que detrás de los nevados volcanes existía una esplendorosa urbe llamada la Gran Tenochtitlan, donde su monarca Moctezuma II , “ el que se enoja como señor “, llamado Xocoyotzin, “el joven ”, era custodio de un gran tesoro.
La ambición hizo que los españoles montaran sus caballos, afilaron sus espadas murmurando alucinatorios santos católicos emprendiendo la marcha hacia Tlaxcala, población en discordia con Moctezuma II. Aunque los tlaxcalteca al principio rechazaron a los recién llegados, a la postre hicieron la paz, y coludidos partieron juntos hacia Mexico – Tenochtitlan, donde continuarían los ultrajes perpetrados por los españoles, representados en lienzos antiguos elaborados por los nativos y ampliamente descritos en las crónicas y narraciones históricas.
©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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