LOS AMIGOS DEL POETA ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO
Los amigos del poeta
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano
La contaminación ambiental de mi natal Ciudad de México, me forzó a vender mi departamento para mudarme a la casa que construí enclavada en la Barranca de Amanalco en Cuernavaca, junto al bosque. En mi jardín planté buganbilias que explotaron en ardientes esquirlas color fuscia, las jacarandas dejan caer flores haciendo la atmósfera violenta y violeta. Con la sensibilidad del poeta rápidamente me simpatizaron los animales lugareños, cuando me ducho, una araña de cristal me espía por la ventana, lo mismo que las cuijas; durante el transcurso del día un petirrojo acostumbra bajar al jardín, donde se posan las Mantis religiosas, y al atisbarme las nerviosas lagartijas rápidas se levantan del suelo en su acelerada huída; no así las iguanas que sintiéndose dueñas de su territorio al mirarme suben y bajan su cabeza retadora, los chintetes al verme permanecen precavidamente estáticos lo mismo que los alacranes, sin embargo, precavido debo ser por las ocultas serpientes venenosas, a las cuales esquivan las ardillas que acrobáticamente suben y bajan de los troncos de los árboles. Algunas bestiezuelas arriban como inexpertas turistas, en la alberca se han ahogado ratones, abejas, ciempiés, mariposas, hormigas chicatana y un tlacuache que sangró del hocico en desesperada asfixia. En ocasiones, por las noches acude un rechoncho prehistórico armadillo, que lentamente mueve su coraza mientras hurga en la tierra buscando gusanos y lombrices para alimentarse. Algunas veces dentro de la casa, las libélulas después de entrar a mi hogar son incapaces de encontrar la salida, empujando inútilmente contra las ventanas caen desfallecientemente agotadas, sin embargo, ocasionalmente las he podido sujetar, momento en que me miran sorprendidas con redondos ojos en su cabeza rotatoria mordiendo mis dedos, entonces, yo las libero afuera en el jardín para que emprendan amplio vuelo. Pero otras veces, han huido de mis manos, y tristemente al otro día aparecen muertas en fallecientes crucecitas de sanguíneo encaje. En los muros se desplazan arañas planas, dos de ellas viven atrás de una tehuana realizada al óleo por Raúl Anguiano; otras se esconden detrás de una pintura abstracta de Fernando García Ponce. Durante las noches de tormenta, si alguna ventana queda abierta, los murciélagos encuentran refugio dentro de la sala de mi casa, amanecen prendidos de sus patitas colgando de cabeza, permaneciendo en un rincón hasta que vuelve el anochecer; que es cuando sobre una hoja de papel derramo pensamientos entintados, de esta manera escribo: No seas otro, si puedes ser tú mismo. La pesadilla del poeta es su memoria. Los ojos de los niños reflejan el éxito o el fracaso de los adultos. La historia personal se escribe con ausencia de cómplices. La realidad es una ilusión dinámica. Cuando te sientas enfermo, bebe una cucharada de buenos recuerdos. La verdad no existe solo subjetivas respuestas. La vida es un concurso, donde se compite contra uno mismo. La paternidad frecuentemente egocéntrica es, el esfuerzo consiste en evitarla. Hay ocasiones en que pienso que estoy muerto, pero acaso no será eso la muerte…un eterno pensamiento. Una tarde en que caminaba por la foresta, me topé con un gran árbol, al observar de cerca los pliegues de su rugosa corteza, mi nariz casi roza a un gusano ciempiés que mirándome fijamente recriminó mi atrevimiento; me disculpé al tiempo que le preguntaba que hacía ahí. El ciempiés respondió que buscaba a un profesor que le enseñara a tocar el piano, verás dijo, al recorrer este ramal he perdido varios de mis dedos, pero eso no importa, esperaré a que resurjan, entonces podré ejecutar hermosas melodías, pues yo creo en los sueños. Perseguir un sueño es lo que nos mantiene vivos, diciendo esto el ciempiés abrió su obscura boquita, de ella salieron hilillos de vapor que se enredaron en mí, haciéndome sentir placenteras sensaciones. El ciempiés me dijo que lo siguiera, de esta manera me mostró la fábrica de arpas a donde acuden grillos y chicharras, el panal de donde sacan ideas los artistas, y el alma azul de las ranas. Cuando llegamos a un extenso campo sembrado de frondosos almendros, el ciempiés exclamó: Aquí es donde vienen a alimentarse las personas que han muerto. Después de decir esto desapareció. Pasé mucho tiempo buscándolo, la penumbra cayó. En la obscuridad escuché una grave voz que me habló, el miedo me recorrió la espalda cual intruso gato sobre mi piel. ¿ Quién eres ?, pregunté. Soy el árbol, la voz respondió: ¿ Qué ocurre ?, acaso no deseas entrar en mí ? Claro que sí quiero, respondí; lo que sucede es que me ha sorprendido que alguien me haya abierto las puertas de su ser. El árbol dijo: ¡ Quita esa cara de tonto que en ocasiones parece de cínico ! ¿ Jamás has tenido problemas con ella ? Respondí que sí, en ocasiones me la han querido partir. El árbol susurró: Los bosques estamos llenos de respuestas, sin embargo, los seres humanos son necios empeñándose en mirar directamente al cielo, cegándose con la resolana incógnita de su origen, en lugar de hacer fantasiosas conjeturas acerca de creaciones y deidades divinas, deberían vivir agradecidos por la luz. Los idiomas son anchos ríos de donde beber. La prosa es capaz de rebautizar, revivir a los muertos, florecer ausencias, incluso conversar con los zapatos. El estado de ánimo es un modesto carboncito situado en el interior del pecho, no hay que dejarlo apagar, su pequeña brasa puede ser avivada con la fuerza de la voluntad. Dejarse hundir en la depresión es la peor agresión contra uno mismo. Revolcarse en esa tristeza es acuchillar al carboncito. Los humanos deben entender que son seres mentales, que aún no aprenden que los pensamientos son indestructibles. El pensamiento es una dimensión por donde se llega al Cosmos. La mente es fortaleza viajera a la que no pueden destruir los enemigos, es un oásis de donde se bebe reafirmación, placer y arrojo. Los seres humanos son lo que piensan, todo está ahí esperando ponerse en movimiento, la orden final depende de uno mismo, de esta manera la mente nos reconfortará cual cálida compañera. El destello de aquel árbol me invitó a pasar a su interior, en medio de su ancho tronco se distinguían los anillos de su larga vida botánica, estando ahí fui capaz de leer: ¿ Y acaso no han sido muchos los que han temido y otros han dicho a los cobardes lo que deben hacer ? Pues los muchos no sabrían que hacer con su libertad, es así que las multitudes han segado sus propias oportunidades, dejándose arrastrar, acatando las restricciones impuestas por unos pocos en el gobierno y en los templos. La inmovilidad es la nodriza torpe. Meditemos nuestras capacidades propias, infiltrando sus mensajes en el silencio hurtado al bullicio de la mayoría. El ser humano decidido es prodigio de inventiva y el más rebelde del ancho Universo, aún así pequeño y desnudo ante las galaxias se ha atrevido a desafiar con la insolencia de un infante explorador en el laberinto del calendario cósmico. A pesar de que la jungla es ahora de asfalto y concreto, del ser humano no ha cambiado su condición de cazador, es necesario matar a las bestias mentales que mastican el ánimo. Con los años transcurridos, el ser humano colgará a su pecho collar de trofeos que son los dientes de las bestias aniquiladas con el hacha de la voluntad. Al frente irá el colmillo de aquel animal que es el miedo, penderá también el diente de la infamia, el molar de la familia desestabilizada, los incisivos de los perros vicios. No son necesarios los catecismos, los dogmas los dicta la conciencia propia, la mentira y la hipocresía son vomitivos vivenciales. Pero, ¿ cuántos hombres y mujeres se atreven a ser individuales y libres ? La mayoría está amurallada por prejuicios y sospechas, desconfíando de sí mismos, por lo tanto, jamás confiarán en el prójimo. Aún así, existe una horda de cazadores que dispersos caminan, siendo similares, algún día se encontrarán y serán capaces de sentarse alrededor de la fogata existencial para recolectar recuerdos y elaborar estratagemas hacia delante. Después de escuchar la sabiduría de aquel árbol, salí de su tronco.
Caminando por la barranca rumbo a mi casa, al pisar la hojarasca, tuve la sensación de que aplastaba los malos recuerdos desbarándose en inútil bagazo, moví mis piernas rítmicamente contra el suelo, sacudiéndome los rencores, escupiendo flemas de ira. Después de varias estaciones, pude lavar mi resentido ánimo, encontrando la reconciliación con mis ancestros; agradeciéndoles la enorme herencia que depositaron en mi personalidad.
A mis tímpanos del poeta llegó la risa metálica de la aventura de aluminio, a este sonido me introduje a la convivencia del erizo y la medusa, del boquerón y la red, del fuego y la ventisca. Rompí todos los espejos de mi casa, ya no me era necesario inspeccionarme rigurosamente, acicalándome para buscar la aprobación de mi propia imagen reflejada. Aquellss cristalizadas lágrimas del espejo las engarcé en suspiros de oro y las usé como aretes prendidas a lejana memoria. Comprendí que el bienestar es reguilete que gira con soplido de huracán interno. Después de exorcizar dolores y rencores, llegó el bautizo fresco a mi interior. Después es una palabra que me agrada, ya que después es pequeño puente de escarcha y zinc. Después del nacimiento empieza el crecimiento. Después es ancha llanura donde se ha sembrado. Después llega cuando uno ha encontrado. Después de abrir los ojos se encuentra la belleza. Después de los tropiezos se emprende la carrera. Después del sollozo entra el oxígeno a los pulmones. Después de la herida surge la cicatrización. Después de la duda llega la respuesta. Después de la sequía del ánimo, nos refresca la optimista llovizna. Después del abrazo nos persigue un beso. Después de la sonrisa perdura el recuerdo. Después de la comprensión se forja el amor. Después de leer los libros lo que importa es el criterio propio. Después de la prisión se tira la camisa rota. Después de que habla la gente el sabio anhela el silencio. Después de desenvainar tu espada no la uses. Después de perdonar sentirás alivio. Después de murmurar tus propias plegarias, sobrarán los templos, las iglesias, mezquitas y sinagogas. Después de las niñas se formularon los perfumes. Después de las aves se inventó la música. Después de ser niños podremos ser gigantes, si no olvidamos nuestra infancia. Después del llamado persiste el eco. Después de la araña nació la geometría. Después de la confianza enraiza la amistad. Después del capullo voló el sentimiento. Después del pez perdura la estela. Después de la risa los orfebres trabajaron la plata. Después de nuestros padres sentiremos agradecimiento. Después de la paz llega la muerte. Después de pensarlo mucho grita un sí total para ti mismo. Después de haber vivido, nadie nos puede obligar a olvidar.
©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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