EL REGUILETE ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
El reguilete
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano
Arnulfo se encontraba excursionando en el Cerro del Tepozteco, cuando absorto por la belleza del lugar la noche le cerró el paso impidiéndole hallar la vereda de regreso; la temperatura descendió y eso lo inquietó aún más; de pronto escuchó una voz femenina emergiendo de la tupida foresta:
No temas, mi sonido te guiará para que reencuentres el sendero de regreso.
Arnulfo inútilmente giró su cabeza en varias direcciones, sin poder distinguir quién le hablaba; aún así obedeció.
Los paseos que emprendía Arnulfo eran frecuentes; cierto día le llamó la atención un alto árbol cuyo tronco poseía filosas espinas.
Aquel árbol que miras se llama Pochotl.
Arnulfo quedó agradablemente sorprendido, era la misma voz que lo había puesto a salvo aquella vez que se extravió en el Tepozteco, así que le pidió que siguiera charlando con él.
De acuerdo, respondió la voz:
Te diré ahora que el nombre Pochotl proviene del náhuatl, cuyo significado es padre, madre, jefe, gobernante o protector, así se le conoce en México a la Ceiba pentandra; este árbol puede medir hasta 40 metros de altura con espinas en su tronco y ramas para protegerse de los depredadores; tal y como tú ya las has notado.
Los antiguos Mayas lo consideraban un árbol sagrado; el homicida - ecocida Hernán Cortés cuando se trasladó a las tierras los Mayas ordenó a sus mercenarios que derribaran la Ceiba principal, lo cual provocó al pueblo una irremediable herida emocional, debido a que dicha etnia consideraba que la Ceiba sostenía al Universo.
Los Tarahumaras comen los frutos del Pochotl asados; también consumen la raíz tierna que es de sabor dulce. El aceite que producen las semillas es comestible.
¿ Y tú cómo lo sabes, acaso los has visto ? Arnulfo desconfiadamente le preguntó a la misteriosa voz.
¡ Eres grosero al interrumpirme de tal manera !, expresó enérgicamente aquella voz.
¡ Ya me voy !
¡ No te vayas por favor, te ofrezco una disculpa ! Por favor prosigue hablándome del Pochotl, apenado expresó Arnulfo.
Está bien, respondió la voz; yo me entero de las cosas porque soy capaz de transportarme grandes distancias para observar a la gente, disfruto presenciar su vida cotidiana y costumbres.
De tal manera, la voz continuó escuchándose:
Los Huicholes de Nayarit suelen comer las semillas del Pochotl sobre tortillas o guisarlas en aceite con un poco de masa, acompañadas con atole blanco. En este árbol habitan unos gusanos comestibles llamados pochocuiles.
El árbol Pochotl presenta múltiples usos, la fibra algodonosa que rodea las semillas se aprovecha en la fabricación de objetos ornamentales, su madera se usa en la construcción y la carpintería. Los residuos después de extraer el aceite se almacenan como follaje para el ganado. El Pochote también es conocido con el nombre de amapola blanca.
En la gastronomía Maya las semillas del Pochote son consumidas tanto tostadas como cocidas. Esta Ceiba también es conocida por sus propiedades medicinales: su corteza sirve para tratar reumatismos, enfermedades intestinales, inflamaciones, dolores de muelas, sarpullidos y quemaduras.
Arnulfo, le agradeció a la voz por compartir con él su sapiencia; y enseguida le preguntó dónde estaba su hogar.
Mi casa se distingue por un reguilete que mi padre me compró en la feria, y yo lo coloqué en el balcón para verlo girar cuando soplara el viento.
¿ Cuándo volverás para platicar conmigo ? Arnulfo le preguntó a la amigable voz.
Temo decirte que eso ya no me será posible…mi esencia aquí en la Tierra no es perdurable, sin poder impedirlo estoy desvaneciéndome.
Arnulfo se entristeció profundamente al escuchar a la voz expresar su inevitable destino…y justo así sucedió. Sin embargo, él deseaba vehementemente volver a escucharla, así que se dedicó a recorrer las calles de Cuernavaca en busca de aquella casa con un reguilete en el balcón.
Una soleada mañana por fin la halló, emocionado tocó a la puerta, pero no obtuvo respuesta.
Un hombre que salía del domicilio contiguo vio a Arnulfo llamando insistentemente, así que le dijo:
Esa casa está deshabitada.
Pero veo que las macetitas se conservan verdes, replicó Arnulfo.
Eso es gracias al rocío y a la lluvia, pero créame ahí ya no hay ninguna persona; hace algunos días se mudó el matrimonio que vivía ahí…eso fue después de que su hija muriera al caer por un desfiladero del Cerro Tepozteco.
©Manuel Peñafiel
Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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