LA MUERTE DE EMILIANO ZAPATA - ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
• La muerte de Emiliano Zapata
• ©Manuel Peñafiel
• Fotógrafo, escritor y documentalista.
• Jesús Guajardo, quien ya había recibido órdenes del presidente Venustiano Carranza para cometer el homicidio, instruyó al regimiento que aguardaba a Emiliano Zapata aquel 10 de abril de 1919 en la Hacienda de Chinameca; los mercenarios federales parecían preparados para rendir la salutación correspondiente al rango del visitante. El clarín tocó tres veces llamada de honor y al apagarse la última nota, los milicianos que presentaban armas al general revolucionario le descargaron dos veces sus fusiles a quemarropa. La vileza se abatió sobre aquel gallardo jinete derribándolo bajo cobarde granizo de metal disparado a mansalva. Las inmundas balas rasgaron la piel del Caudillo del Sur, violando sus fornidos músculos. El plomo caliente se abrió paso entre vísceras y arterias, al derrumbarse aquel hombre bravío sobre la burda tierra, sintió que a su cuerpo lo anegaba una laguna muda y carmesí. El cerebro de aquel combatiente se negaba a aceptar lo que le estaba ocurriendo, lo habían traicionado, así suciamente, como se cometen las perfidias incubadas en los albañales de la corrupción. Por un quebrantado instante pensó en sus padres, y en su propia familia, sus recuerdos estaban hinchados de pobreza. Creyó estar delirando, cabalgando libre sin ataduras, pero esa borrosa alucinación se fragmentó febrilmente, aquel incorruptible ser humano inútilmente trató de aferrarse a la vida, su encomienda no había terminado, sus paisanos le habían encargado la restauración de su honor y el derecho a rememorar biografías decorosas. Pero, aquellas impunes ráfagas lo habían perforado, su existencia se le escapaba volando igual que el pájaro cenzontle a inalcanzable rama. Con intuitiva gallardía trató de no sucumbir en aquel pozo que ya se estaba poniendo frío, sin embargo, sus manos estaban agarrotadas, no podía asirse de nada, caía hondo hacia el obscuro desfiladero que trae la agonía, sólo la muerte fue capaz de impedir que Emiliano Zapata montara de nuevo su caballo.
• ©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
• El contenido literario y fotográfico de esta publicación está protegido por los Derechos de Autor, las Leyes de Propiedad Literaria y Leyes de Propiedad Intelectual, sin embargo, puede ser reproducido con fines didáctico - culturales mencionando el nombre de su autor Manuel Peñafiel y sus créditos por las fotografías; queda prohibido utilizarlo con fines de lucro. This publication is protected by Copyright, Literary Property Laws and Intellectual Property Laws. It can only be used for didactic and cultural purposes mentioning Manuel Peñafiel as the author and his credits for the photographs. It is strictly prohibited to use it for lucrative purposes.
•































Comentarios
Publicar un comentario