EN TEOTIHUACAN, LOS DIOSES SE SACRIFICARON PARA QUE EMERGIERAN EL SOL Y LA LUNA - ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
En Teotihuacan, los dioses se sacrificaron para que emergieran el Sol y la Luna
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano.
Incontables épocas atrás al principio del Tiempo, fue en Teotihuacan donde los dioses se reunieron para dar origen al Sol y a la Luna, estando ahí se dijeron que para tal portento cósmico era necesario el sacrificio de dos deidades, así que encendieron una gran hoguera, y dijéronle al dios Tecucíztecatl: ¡ Ea, tú introdúcete en el fuego ! Sin embargo, él se intimidó, más no así un pequeño y enfermizo dios llamado Nanahuatzin, quien sí tuvo el valor de arrojarse a las devoradoras llamas, y al verlo Tecucístecatl sintió su orgullo herido e hizo lo mismo. Fue así, que Nanahuatzin emergió en el horizonte convertido en el Sol, y después surgió en el firmamento Tecucístecatl transformado en la Luna. Y cuando los seres humanos poblaron el Mundo decidieron que en Teotihuacan se erigieran las colosales pirámides del Sol y la de la Luna para agradecer el sacrificio de los dioses en beneficio de todos. Por esta razón, Teotihuacan era considerado un sitio sagrado; hasta ahí acudían monarcas, sacerdotes, labriegos, gente del pueblo en respetuoso peregrinaje para rendir culto y gratitud al portento divino.
©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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En Teotihuacan, los dioses se sacrificaron para que emergieran el Sol y la Luna
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano.
Los dioses se asomaron al enorme hueco que había en el Universo y se dijeron: Estamos aburridos. Todo está demasiado obscuro y silencioso. Vamos a pulir este enorme trozo sideral, debe quedar casi redondo con la forma de una lágrima antes de emerger, sobre su terrena superficie vertiremos el agua rugiente que formará mares y océanos. Por supuesto que esas vertientes poseerán el sabor salado que alberga el llanto.
En el mundo que estamos creando crecerán árboles y plantas con flores de indescriptible aroma, silbará el pájaro centzontlatolle con cuatrocientos de gozosas voces, reptará la prudente elegante serpiente, laborarán solidarias hormigas, los simios retozarán sobre las ramas, las abejas formarán impecables colonias, la mariposa junto con la libélula improvisarán irrepetibles coreografías, los pulpos harán piruetas submarinas, los cetáceos serán monumentos vivientes, y en la selva rugirá el jaguar océlotl, cuyo bramido lo escuchará la diversa fauna.
También ingresaremos a este orbe a criaturas ingeniosas y creativas......a ellos los llamaremos seres humanos.
Aquellas deidades se animaron con la idea esmerándose en llevarla a cabo.
Fue allá en sitio sagrado donde encendieron briosa hoguera, después de arderla cuatro días a Tecucíztecatl le dijeron:
¡ Ea, pues, entra tú en el fuego !
Y aquel dios en seguida se encarreró para arrojarse a las llamas, y como el ardor estaba tan encendido sintió la gran calor, y el miedo lo hizo echarse para atrás. Cuatro veces lo intentó, desistiendo de dubitativa manera.
Las omnipresencias deidades al ver esto, se dirigieron al pequeño y enfermizo dios Nanáhuatzin y dijéronle:
¡ Anda ahora Nanáhuatzin, prueba tú !, y como los dioses le hubieron hablado,
hizo entregado esfuerzo y cerrando los ojos se arrojó a la pira, donde su cuerpo comenzó a rechinar como quien se rostiza en el fogón.
A Tecucíztecatl, su orgullo no le permitió quedarse rezagado en tan osada proeza, él también se avalanzó sobre las lenguas quemantes de aquel transcendente incendio, una fogata que las divinidades habían elevado.
Después de que a los dos valerosos dioses, la agonía los hubiera incinerado sin piedad trás torturarlos con quemantes mordidas, los otros eternos creadores se sentaron a esperar de que parte vendría a irrumpir Nanáhuatzin, tuvieron que aguardar largo suspiro universal hasta que el horizonte comenzó a ponerse colorado igual que el interior de la tuna, esa rojez se fue purificando con las tonalidades del amanecer, y entonces por todas partes se desparramó la esplendorosa luz del Alba.
Los dioses se hincaron de rodillas para esperar por cual rumbo saldría Nanahuatzin convertido en Sol, mirando a todas partes no acertaban de donde aparecía tal resplandor, finalmente mirando hacia el Oriente de ahí viéronlo emerger imponente, refulgente colmado con bravía escarlata.
El astro se contoneaba moviendo su penacho flamígero, tal era su poderoso esplendor que nadie lo podía mirar, su regia presencia destruía la vista de los ojos, destellaba, sus rayos de oro intangible se derramaron igual que amplio tesoro. De esta manera, nació el primer día para ceder bien después su turno al anochecer, momentos durante los cuales a la infinitud comenzó a formársele lechoso ombligo, redondo de bello, parecía de hielo, eternal suspiro de perpetua plata. Maravillados los dioses de su poderío, jubilosos exclamaron: ¡ Es Tecuciztecatl convertido en Luna !
Y estos prodigios se supieron siglos después, la gente jamás olvidó que fue allá en Teotihuacan, donde los dioses mismos se obsequiaron a la humanidad para su perdurable beneficio.
©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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