HERNÁN CORTÉS ESTRANGULA A SU ESPOSA - CAPÍTULO 6 - ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
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Hernán Cortés estrangula a su esposa
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano.
Desde que salió de Cuba el 18 de febrero de 1519 a la toma de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521, Hernán Cortés solamente una vez le escribió a su esposa Catalina Suárez Marcayda, deprimido por su derrota ante Cuitláhuac redacta una carta en La Noche Triste para pedirle perdón por el olvido en que la mantuvo. Yo Manuel Peñafiel, autor de este texto, asumo que tras la caída de la capital azteca - mexica llamada la Gran Tenochtitlan, las noticias de los despojos cometidos por su esposo despertaron en Catalina Suárez la codicia y el deseo de participar en la fortuna de su esposo, embarcándose a la Nueva España sin avisarle de sus planes; a su arribo a Hernán Cortés no le quedó otra alternativa que recibirla disimulando su disgusto. En noviembre de 1522, la mañana del día de su muerte, Catalina asistió contenta y bien ataviada a la iglesia, posteriormente invitó a sus amigas a una comida en casa de Cortés en Coyoacán, durante la cual la nueva rica le reclamó a Solís, capitán de artillería: “ Vos Solís, no queréis sino ocupar a mis indios en otras cosas de lo que yo les mando, y no se hace lo que yo quiero, os prometo que antes de muchos días, haré yo de manera que nadie tenga que entender en lo mío ”. ( En el castellano antiguo, esta última frase significa: Me aseguraré de tomar el control total de mis asuntos para que nadie más interfiera, opine o tenga autoridad sobre mis cosas" ). A lo que el enfadado Cortés, respondió: “ ¿ Con lo vuestro señora ? ¡ Yo no quiero nada de lo vuestro ! ” Catalina Suárez Marcayda se retiró a su dormitorio a donde la siguió su embriagado esposo, tras la puerta cerrada era posible escuchar los lloros de la mujer y los coléricos gritos del borracho. Las declaraciones de la servidumbre, fueron: “ Aquella noche fue encontrada muerta en su propia cama con los ojos abiertos y tiesos, salidos de fuera, como persona ahogada; los labios gruesos y negros con dos espumarajos en la boca, una gota de sangre en la toca sobre su frente ”. La versión dada en el juicio por su principal doncella, quedó asentada así: “ Yo le vide cardenales en la garganta en señal que la ahogó con cordeles, una gargantilla de cuentas de azabache derramadas por la cama, y estaba la dicha Catalina toda descabellada, como que había andado poniendo fuerza, y la cama estaba orinada “. Junto al lecho estaban las cuentas esparcidas de un collar con el que presuntamente había sido estrangulada. Hernán Cortés esa misma noche mandó poner el cadáver en un ataúd y cerrar la caja con clavos, al llegar fray Bartolomé de Olmedo, exclamó: “ Toda esta ciudad dice públicamente, que vos habéis muerto a Catalina vuestra mujer; conviene que para vuestra honra, e para que no os echen la culpa, si no la tenéis, que mandéis que ante un alcalde o escribano, e testigos la saquen del ataúd e la vean antes que la entierren ”.A lo que el autoviudo se enojó mucho y contestó: “ ¿ Quiénes son los traidores bellacos que tal dicen ? No curen en poner mi honra en disputa, entiérrenla ”. Fueron varias las sirvientas y otras personas que testificaron lo mismo; sin embargo, el juicio convocado contra Hernán Cortés por el asesinato de su esposa adoleció de múltiples irregularidades; tampoco hubo médico que certificase la muerte de Catalina ni la causa, ella fue enterrada rápidamente por orden de su asesino, a pesar de que era harto conocido el carácter irascible y violento de Hernán Cortés; así como las continuas discusiones conyugales, muchas de las cuales, habían acabado en maltrato físico sufrido por Catalina por parte de él. Hernán Cortés contrajo matrimonio por segunda y última vez con la noble española Juana de Zúñiga Ramírez y Arellano en 1528. El matrimonio se celebró cuando Cortés tenía 44 años y ella apenas 19. Dicho enlace fue concertado por el padre de Hernán Cortés, llevándose a cabo poco después de que Cortés arribara a España, a donde viajó desde Veracruz con la intención de limpiar su nombre ante la realeza. Aunque Hernán Cortés y Juana de Zúñiga Ramírez y Arellano no se divorciaron, sí vivieron separados desde 1540. Cuando Cortés regresó a España por segunda vez, Juana permaneció en la Nueva España ( México ), más interesada en administrar sus casas y bienes que en reunirse con su esposo. La ambiciosa Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga fue la marquesa del Valle del Valle de Oaxaca y madre del heredero de Cortés, Martín Cortés y Ramírez de Arellano. Tiempo atrás, el racista Hernán Cortés jamás reconoció a su primer hijo apodado Marín el bastardo, concebido por Malintzin, la Malinche, él jamás se interesó en su primogénito, sino que siendo aún niño a los 6 años de edad, Cortés lo llevó a España presentándolo en la corte del rey Felipe II para servir de paje ( elegante sinónimo de sirviente ).
©Manuell Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.
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